Alertan por la posible llegada de un “Súper El Niño” con impacto global en 2026 y 2027: qué es y el impacto que podría generar

Meteorólogos de distintos centros internacionales coinciden en que la probabilidad de desarrollo de este fenómeno alcanza niveles elevados.


El sistema climático mundial se encuentra bajo vigilancia ante la posible formación de un evento de El Niño de gran intensidad, conocido como “Súper El Niño”, durante la segunda mitad de 2026 y a lo largo de 2027.

De acuerdo con proyecciones de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica y del Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Medio Plazo, la probabilidad de desarrollo del fenómeno alcanza niveles elevados. En particular, la NOAA estima un 62% de chances de que se configure entre junio y agosto, con potencial de intensificarse hacia fin de año.

El fenómeno forma parte de la Oscilación del Sur de El Niño (ENSO), un sistema oceánico-atmosférico que regula la variabilidad climática global. Su fase cálida, conocida como El Niño, se produce cuando las temperaturas del océano Pacífico ecuatorial se mantienen por encima de los valores normales durante varios meses.

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Los especialistas consideran que un evento alcanza la categoría de “Súper El Niño” cuando el calentamiento en la región central del Pacífico supera los +2 °C respecto del promedio. Bajo ese umbral, el fenómeno puede generar alteraciones significativas en los patrones climáticos a escala global.

Informes recientes advierten que el actual contexto de calentamiento global podría amplificar sus efectos. La acumulación de gases de efecto invernadero reduciría la capacidad del sistema climático para disipar el calor adicional, incrementando el riesgo de temperaturas récord a nivel mundial.

En este escenario, distintos centros meteorológicos coinciden en que, de concretarse un evento intenso, podrían registrarse fenómenos extremos más frecuentes, como olas de calor, sequías prolongadas, incendios forestales, lluvias intensas e inundaciones en diversas regiones del planeta.

Además, el desarrollo de El Niño modifica la dinámica de huracanes, favoreciendo su formación en el Pacífico central y oriental, mientras tiende a reducir su actividad en el Atlántico.

Actualmente, el sistema climático transita la fase opuesta, conocida como La Niña, aunque los indicadores muestran que se encuentra en retirada, lo que abre la puerta a un cambio de fase en los próximos meses.

Pese a las proyecciones, los especialistas subrayan que la evolución del fenómeno aún presenta un grado de incertidumbre, debido a la complejidad de los procesos involucrados y a la variabilidad natural del sistema climático.

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No obstante, coinciden en que el monitoreo continuo de las condiciones oceánicas y atmosféricas será clave para anticipar su desarrollo y dimensionar sus posibles impactos en el clima global.

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